La Familia tras la ruptura matrimonial

Familias ensambladas son las que resultan de un fenómeno cada vez más común en nuestros días: la ruptura de un matrimonio, por separación, divorcio o abandono, y la adaptación de los hijos a esa nueva realidad que, en general, les sobreviene contra su deseo.

Esto, a su vez, genera la constitución de otro entorno familiar, generado, habitualmente, por una nueva relación de pareja, en la que los miembros de los distintos grupos previos deben convivir, o por lo menos relacionarse más o menos con frecuencia.

La Familia Ensamblada describe que las familias transformadas resultantes de segundos o ulteriores matrimonios comparten algunas características con la familia nuclear, pero presentan ciertas peculiaridades. Se constituyen como un modelo distinto que carece aún de representación definida en el imaginario social.

En estas familias están presentes con mucho énfasis dos (o más) microculturas, cada una con ideas particulares acerca de cómo deben hacer las cosas los chicos en los distintos hogares a los que pertenecen. “Los diferentes conceptos -dice- suelen ocasionar en la vida cotidiana situaciones enojosas si no se manejan con paciencia y con prudencia.”

Y el tema es difícil cuando se trata de la transmisión de valores. Con las nuevas estructuras de convivencia todo resulta más complicado. En una pareja ensamblada, cada uno de los miembros viene con sus valores, aportando la cultura familiar.

Un nuevo modelo de familia

Por lo general en la transmisión de valores van a predominar los de uno de los miembros. Y señalan que las familias viven una especie de batalla buscando un modelo en donde instalarse.
Una familia se separa, entre otras cosas, porque fracasó en sus intentos de hacer compatibles los valores de cada uno de ellos. Frecuentemente los ex esposos adhieren a sus propios valores originales con mayor intensidad cuando han dejado de tratar de incorporar a los del otro”.

Para disminuir los conflictos que pueden originar las diversas maneras de pensar y de actuar ante determinadas situaciones. Los adultos no sólo es conveniente que observen e indaguen qué les pasa con sus propias familias de origen sino que además, a partir del diálogo realicen acuerdos sobre los diferentes temas y negocien las respuestas y conductas por seguir si no hay coincidencias, del conflicto siempre se aprende. Es preciso concederle el papel de una oportunidad.
Hablando de la familia hoy, es imprescindible pensar en la compleja trama de relaciones de la red familiar porque es en esta multiplicidad de subsistemas familiares en las que un niño crece, donde tomará sus valores de referencia. La pareja conyugal anuda en el presente la historia vincular de ambos que puede involucrar hijos de cada uno, de uniones anteriores y a los que se sumarán los hijos en común. Para los hijos, cada constelación familiar tiene una versión por duplicado, ya que se jugará una con cada progenitor.

Sobre los valores, la transmisión vertical no se verifica por la declamación de los mismos. Discursos, explicaciones, conversaciones, charlas, provocan un efecto de estupor seguido de distancia cuando lo que bien intencionadamente se quiere transmitir no está en la atmósfera cotidiana de lo que ese chico o joven vive con el adulto.

En la actualidad, el pasaje de valores aparece cargada de una exigencia secundaria. Los niños y los jóvenes piden a sus padres coherencia, que el pregón venga acompañado de la vivencia de esos valores. Si hablamos de una familia ensamblada, esta petición se vuelve más implacable.

Familias nucleares, uniparentales, que viven juntas o separadas, cerca o lejos, que se vean poco o mucho, cualquiera sea su forma, como dice Robin Williams en la película Papá por siempre: “Lo que une es el amor. Y si hay amor siempre habrá una familia en tu corazón”.