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¿Cómo afecta el divorcio de los padres al aprendizaje de los niños?

Cuando el divorcio señala el punto final del matrimonio, una de las mayores preocupaciones de los padres es la relacionada con los efectos que esta decisión tendrá sobre sus hijos. Esta es una de las cuestiones que casi siempre transmiten los padres al despacho de abogados de divorcio en Madrid del bufete G. Elías y Muñoz. Como nos comenta, en numerosas oportunidades resulta extremadamente angustiante dar este paso, ya que el desmembramiento de la familia da lugar a una etapa de duelo que afecta emocionalmente a todos los integrantes. El caso de los niños es especialmente delicado y dependerá de varios factores la repercusión que esta circunstancia tenga sobre sus vidas.

Los motivos que originan la ruptura y la manera en que se la aborda son elementos que gravitan notablemente en las reacciones que los niños experimentan. Con cierta frecuencia, los pequeños suelen creerse responsables de la separación de sus padres, una fantasía que debe ser desterrada rápidamente, explicándoles con claridad lo erróneo de ese pensamiento. Este es solo un ejemplo de las ideas con las que los niños intentan encontrar respuestas a todas las preguntas, dudas y temores que surgen en un momento de vulnerabilidad como lo es el divorcio de sus progenitores. Es por ello que resulta imprescindible conversar con los hijos acerca de todas las cuestiones relacionadas con la situación, todas las que estén en condiciones de comprender, sin avanzar en asuntos de la intimidad de la pareja o puntos de conflicto que conforman el universo de los adultos. Buscar el asesoramiento de especialistas para aprender a tratar el tema con los niños resulta una herramienta de gran ayuda. Los divorcios en los que existen enfrentamientos y disputas evidentes serán, sin dudas, más difíciles de sobrellevar para ellos.

Es natural que durante el período posterior al divorcio los niños manifiesten ciertas perturbaciones psicológicas, emocionales o físicas. Es preferible, incluso, que estos síntomas aparezcan, ya que de este modo podrán ser percibidos y atendidos. Se trata de una época de cambios profundos, caracterizada por la necesidad de adaptación a la nueva realidad. Una etapa de crisis para la cual el organismo está preparado, siempre y cuando no se extienda indefinidamente en el tiempo. Por lo tanto, y dentro de los límites esperables, es normal que los pequeños atraviesen una fase de estrés en la que deben ser acompañados y contenidos por los adultos. Algunos de los desajustes más frecuentes son las alteraciones alimentarias y del sueño, desórdenes afectivos y de conducta, como así también los trastornos en el desarrollo evolutivo y en el aprendizaje escolar.

Uno de los principales problemas que se presentan como obstáculos para el aprendizaje escolar es el relacionado a la falta de concentración. El niño no atiende a las explicaciones de su maestro, se encuentra como ausente, parece no manifestar el mínimo interés por estudiar, no responde a los constantes requerimientos de participación en clase. Si es interrogado por el docente, no sabe qué contestar y en su mirada se advierte una total desconexión con lo que está ocurriendo en el aula. Sucede que su atención está dirigida exclusivamente a los pensamientos relacionados con el divorcio de sus padres: inquietudes, miedos, preocupaciones, inseguridad, expectativas, angustia y cada una de las emociones que lo embargan en esos momentos. No cuenta con suficiente “espacio mental” para destinarlo al estudio porque existen cuestiones prioritarias que lo ocupan. Esta dispersión de la concentración impacta, entonces, en el aprendizaje, provocando desajustes, disminución del rendimiento y, en algunas ocasiones, generando el fracaso escolar. Es importante señalar que esta situación no solo puede surgir como consecuencia de un divorcio, sino que es habitual que se presente en casos de víctimas de violencia o abuso, emergentes de hogares violentos o niños con necesidades básicas insatisfechas, especialmente.

Por lo general, estas y otras manifestaciones de desórdenes emocionales son señales de alarma transitorias y susceptibles de ser revertidas con éxito. Para ello es fundamental la actitud comprensiva y la contención de ambos progenitores, aunque ya no habiten en el mismo hogar. Siempre es recomendable consultar con especialistas en el tema y mantenerse en estado de alerta frente a cualquier cambio que pudiera observarse. De la edad de los hijos dependen en gran medida las reacciones y las exteriorizaciones del duelo por el divorcio de los padres. El esfuerzo por mantener relaciones sanas, pese al cambio de configuración familiar, favorecerá la recuperación afectiva de todos los integrantes, incluidos los niños.